En una situación de supervivencia, el comportamiento equivocado comienza por el hecho de que el hombre de hoy no presiente la inminencia de un peligro. Carece del sentido de alarma que hace que los miembros de los pueblos primitivos, o incluso las personas en estrecho contacto con la naturaleza, a menudo puedan presentir la probabilidad de una catástrofe natural.
Desde que dos grandes y terribles guerras, y otras innumerables guerras "pequeñas" han causado estragos en en el mundo, cabría suponer que la mayoría de las personas han aprendido ya a actuar correctamente durante y después de las catástrofes. Sin embargo, no ha sido así.
Con frecuencia este sentido de alarma no aparece ni siquiera en aquellos casos en que las catástrofes se anuncian mediante signos que las preceden. Y ni tan sólo los especialistas consideran necesario explicar a la población esos signos de alarma en un lenguaje comprensible para el diálogo vulgar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario