Vehículo: Si nos encontramos en una situación de supervivencia real por haber sufrido un accidente y nuestro vehículo aún está habitable, puede servir como refugio. Si el vehículo no está en condiciones de constituir un buen refugio, debemos extraer de él todos los elementos que puedan servir para armarlo. _ Los periódicos son un buen aislante, se pueden utilizar para protegernos mejor del frío. _ Si no se poseen fósforos o algún otro elemento que nos permita encender un fuego, podemos empapar con gasolina un trozo de tela, de papel, de la goma-espuma de los asientos, etc. y hacer chispas sobre él cruzando los terminales de la batería. _ Si añadimos aceite de motor al fuego, el resultado será un humo negro y denso excelente para señalizar nuestra posición.
Refugios naturales: Su construcción requiere poco (en ciertas ocasiones NINGÚN) esfuerzo de nuestra parte. Se improvisan en hendiduras de rocas, cuevas, formaciones del terreno y de la vegetación. Una cueva o hendidura que nos proteja de la lluvia, el viento y no presente riesgos de desprendimientos es ideal. Sólo hay que procurarse algún tipo de aislante para el lecho.
Refugios improvisados: Son los que construimos con los materiales que encontramos en la naturaleza o que llevamos en nuestro equipaje. Se debe aprovechar al máximo las oportunidades que nos ofrece el medio, como puede, por ejemplo, un árbol caído que se pueda cubrir con más ramas.
A un Agua: Es (probablemente) el más clásico de los refugios de supervivencia. Necesita un armazón de madera, pero utilizando dos árboles como columnas nos ahorraremos mucho trabajo y el refugio ganará en solidez. En climas fríos es importante encender un fuego, y colocar detrás de él un reflector, para calentarnos, para ello es importante tener en cuenta la dirección del viento para no ahumarse. El techo lo cubriremos de hojas y ramas. En zonas generalmente tropicales, es fácil encontrar grandes hojas con las que construir un techo impermeable colocándolas a modo de tejas. También se pueden improvisar tejas con trozos de corteza. Un techo de hierba seca y paja, siempre y cuando sea grueso, nos proporcionará cierta impermeabilidad.
Refugio con un árbol caído: Hay que cortar algunas ramas para hacer una "hoyo" en la copa caída. Es un refugio acogedor y, si el árbol es frondoso, nos protegerá del viento.
Refugio con soporte de ramas en forma de A: Es otro refugio clásico. Se construye a partir de un armazón de palos que adoptan la forma de una A. Se cubre con una capa de hojas grandes a modo de tejas, y por encima de éstas una capa de hierba y ramas para evitar que el viento levante el techo.
Refugio de tronco: Este refugio sólo sirve para pasar cortos períodos de tiempo, debido a su incomodidad. Consiste en un cobertizo que se realiza apoyando una serie de ramas sobre un tronco caído y cubriéndolas con los materiales vegetales. El problema de este refugio serán los insectos que vivan en el árbol.

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